Agresión fascista en Argüelles

Dos jóvenes sufren una agresión en Argüelles por llevar una camiseta antifascista

El pasado sábado 3 de agosto, L. y J., una chica y un chico veinteañeros, estaban bailando en una discoteca de Argüelles. Pasaban las 4 de la mañana, sus amigos estaban cerca. Una amiga les alertó de que había dos jóvenes mirándoles fijamente, uno de ellos de estética skinhead. “Entonces hago como si nada y le digo a L. vamos a darnos la vuelta, porque nos están mirando mal y posiblemente sean neonazis”. L. cuenta que J. llevaba una camiseta negra en la que ponía “Love Music, hate fascism”.A L. y J. no les sirve su intento de evadir el conflicto. Antes de que puedan alejarse tienen encima a los otros dos chicos. Uno le agarra a J.: “¿Y esta camiseta?”. “Oí cómo le decían a J., ¡sal a la calle! , y pregunté si había algún problema”, cuenta L. En ese momento a J. le revientan la nariz. Intentando defenderle,  L. se lleva un puñetazo en el pómulo derecho. Según cuentan, en seguida sus amigos y otras personas que estaban en el local empiezan a protegerles mientras los chicos siguen propinando patadas y puñetazos. Al final, el “puerta” de la discoteca echa a los agresores.La escena no acaba ahí. Los chicos se quedan fuera del local, “como esperando a que salga para seguir pegándome”, recuerda J. El portero de la discoteca, “un chico sudamericano que nos contó que ya había tenido problemas con ellos” según cuenta L., cura a J. y sale a la entrada del local a despejarla para que los agredidos puedan salir. En ese momento llega una ambulancia y la policía: a uno lo detienen, el otro escapa corriendo. En la ambulancia, L. con el pómulo magullado tiene una crisis de ansiedad, a J. le confirman que le han roto la nariz. “A largo plazo voy a tener que seguir tratamiento”, cuenta a El Salto pocos días después de la agresión. Es probable incluso, que tenga que someterse a una cirugía.

“Estamos seguras de que este tipo de agresiones son más numerosas de lo que nos pensamos. Además muchas no son como en nuestro caso, por nuestra forma de pensar, sino por racismo, LGTBIfobia…L. y J. han entablado ya contacto con abogados. Les ha acompañado Adrián, compañero de L. y activista antifascista que pertenece a la plataforma Parla Diversa. “Quizás Argüelles es uno de los barrios por dónde más se mueven los fascistas y donde se dan este tipo de agresiones de forma normal”, comenta Adrián, que piensa que en los últimos meses ha habido un repunte de agresiones fascistas o al menos una mayor visibilidad. Las últimas: una que fue denunciada el pasado mayo en Leganés cuando tres mujeres fueron perseguidas por numerosos hombres al grito de Heil Hitler, y después en Getafe, el 11 de julio, cuando se produjo otro ataque “a las 12 de la mañana en una plaza cualquiera cuando el compañero agredido iba de camino al trabajo”. Este activista afirma que si bien los abogados les han tratado bien desconfía de que desde los juzgados se tome ninguna medida, y que la policía detenga a nadie, como ya ha pasado en otras ocasiones.“Estamos seguras de que este tipo de agresiones son más numerosas de lo que nos pensamos, solo que la mayoría no llegan a nuestros oídos. Además muchas no son como en nuestro caso, una agresión por nuestra forma de pensar, sino por racismo, LGTBI-fobia…”, valora Adrián. Para este activista la escalada de agresiones tiene que ver con un marco de normalización de las violencias y el autoritarismo contra quienes piensan distinto, y fundamentalmente, con una base racista, machista o LGTBfóbicas. En definitiva, “contra cualquier forma de ser, de estar o pensar que se salga de lo normalizado”.Si bien es la primera vez que L. y J. han sufrido un ataque de este tipo, no es poco común , relata L. que entre sus amigos y conocidos de la universidad, “gente de izquierdas”, se sufran este tipo de agresiones y amenazas.“Nos da miedo que los agresores formen parte de un grupo más grande, porque dos personas solas no se atreven”, confiesa L, que ha pasado varias noches sin poder dormir pensando en lo sucedido. J reflexiona sobre cómo pueden sentirse las personas LGTBI o racializadas como objeto primero de este tipo de violencias. “A mi personalmente ahora me da miedo salir a la calle. Puedes estar tranquilamente tomándote algo sin saber si va a venir alguien gratuitamente a agredirte por llevar simplemente una camiseta con un mensaje de rechazo a la discriminación”.

EL SALTO MADRID (7-8-19)