Coordinaciones autónomas y libertarias en Euskal Herria

“El siguiente texto trata de ser una aproximación a diversas experiencias de coordinación autónomas y libertarias que se han dado en Hego Euskal Herria en las últimas décadas. El objetivo no es realizar un análisis sistemático, labor que precisarían de una mayor extensión, sino tratar de abrir una pequeña puerta que permita adentrarse, rescatar o al menos nombrar algunos hitos de una historia organizativa en buena medida desconocida. La información recopilada se basa fundamentalmente en un número limitado de testimonios personales, complementados con documentación escrita. Las iniciativas mencionadas aluden a coordinaciones más o menos plurales que en general han tenido una intención de proyectarse públicamente y aglutinar a una comunidad de lucha. En definitiva, este solo pretende ser un primer y reducido paso para tratar de conocer y entender un poco mejor la idiosincrasia organizativa autónoma-libertaria en nuestro entorno.”

Argia Landariz

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Siglo XXI nº 46

Estos dos meses de elecciones y parabienes “democráticos” han dado mucho de sí en lo que se refiere a poner sobre la mesa de la escena interna anarquista nuestra “visión” del mundo, nuestras estrategias y nuestra táctica o tácticas. El asombro cuando no la decepción, me han situado en el justo contexto de una realidad ácrata en crisis, a pesar de que seamos más visibles que hace una década. Hablando con personas de la escena libertaria he recibido opiniones de lo más variopinto sobre temas importantes que afectan a la base del pensamiento y trayectoria anarquista. Citaré algunas de estas opiniones que pienso definen bien diversos aspectos de las dinámicas que se producen en los grupos de afinidad libertarios. La primera de ellas parte de un par de compañeras durante una asamblea que tocaba el tema de si “organizarse o no”. Pues bien, estas dos personas, que pertenecían a grupos de afinidad, se manifestaron contrarias a cualquier tipo de organización, afirmando que incluso los grupos de afinidad tendían a destruir al individuo. Proponían, en consecuencia, la “espontaneidad” como táctica fundamental. Interesante punto de vista, al menos filosóficamente hablando, pero ineficaz; no lo digo yo, lo dice la historia de la lucha de clases. A partir de la suma de apoyos podemos afrontar las luchas con un mínimo de solvencia.

Otra experiencia interesante fue la derivada de otra conversación a nivel privado con una persona que militaba en el ámbito anarquista, sobre el tema de “votar o no votar”. Cuando me comentó que había acudido a las urnas en las últimas elecciones y le pregunté el porqué, me respondió taxativamente que “la realidad social así lo exigía”. A partir de ese punto entramos en un debate clásico sobre el valor del voto en la “democracia representativa” en contraste con la “democracia directa”. Yo apelé a los valores universales anarquistas, a la “propaganda por el hecho”, ha situarnos ante la sociedad con valores morales fundamentados en el apoyo mutuo, en la honestidad y en la horizontalidad, en suma, valores que se posicionan por sí mismos por encima del mercadeo mentiroso de las elecciones. Mi interlocutora, muy sorprendida por mi discurso anarquizante, me espetó que ella no era anarquista sino libertaria. En ese instante la sorpresa cambió de lado. Parece que los anarquistas también estamos cambiando el lenguaje y dos palabras que históricamente han sido sinónimas resulta que ahora poseen significados diferentes. Llego a la conclusión de que este tipo de maniobras, lingüísticas o tácticas, como se quieran ver, lo que están justificando son miedos y conductas confusas con las bases de nuestra filosofía.

Pero sigamos adelante. Es algo constatado que en las últimas elecciones muchas personas que se autodefinen como libertarias o anarquistas, no solo mi interlocutora, han participado en la ceremonia de las urnas. Considero que en el ámbito privado, individual, son libres de hacer lo que deseen si sus convicciones personales así lo evidencian; ahora bien, lo que resulta sangrante es que después de presentarnos como defensores de La Idea lo manifestemos públicamente sin sonrojo ni vergüenza, tratando de hacer válida una decisión que es solo personal, ajena al anarquismo militante.

Por último, otro exabrupto chocante y pernicioso es que en Madrid haya habido cuatro manifestaciones diferentes convocadas el Primero de mayo por organizaciones que se autodenominan anarcosindicalistas en las que militan magníficas y entrañables compañeras con las que compartimos a diario luchas y proyectos.

Después de las polémicas suscitadas por la participación en plataformas electorales de algunas compañeras en la era post 15-M, del apoyo dado por otros sectores libertarios al nacionalismo catalán con movilizaciones y discursos que el paso del tiempo ha puesto en su sitio, hoy nos toca pelear con la participación en elecciones generales y con la confusión del lenguaje. Evidentemente, las anarquistas estamos en peligro de extinción. No va a hacer falta que el Estado nos elimine, nosotras mismas estamos sentando las bases de nuestra desaparición como corriente revolucionaria transformadora. Dentro de poco también seremos “transversales”. En un futuro, tal vez, sobreviva La Idea en los libros y sea retomada por una generación dispuesta a mirar al futuro desde el “progreso” y no desde el “posibilismo” y el “retroceso”. Hoy por hoy nuestra práctica nos condena al ostracismo, a la confusión y al ridículo. Si aún queda tiempo, nos deberíamos detener a reflexionar sobre lo que estamos haciendo y la imagen que estamos transmitiendo.

A estas alturas resulta patético tener que plantear la necesidad de buscar la confluencia, la unificación de criterios estratégicos y tácticos, quizá aprender de cómo obraron las personas que nos antecedieron, para evitarnos la imagen deleznable que estamos ofreciendo sobre todo a aquellas gentes de nuestro entorno inmediato a las que hemos intentado convencer durante años para que abracen nuestros postulados de vida y práctica. Si consiguiéramos una mínima unificación de criterios ideológicos, que no uniformización, nuestro camino posible sería la aproximación y el dialogo entre anarcosindicalistas y anarquistas para llegar a plantear a medio plazo una confluencia táctica. Y por añadidura, perseguir que nuestra praxis sea coherente con nuestra moral y pilares filosóficos. Nuestras acciones deben ser un ejemplo a imitar, una lección continua. Nuestra “visión” sobre la sociedad que soñamos debe guiar nuestros pasos al margen de aventurerismos políticos que solo logran enmarañarnos con los oportunistas de la escena institucional.

Tenemos algo que decir que es diferente y es valioso por sí mismo, pero para que nuestras ideas calen, la coherencia en la práctica y la firmeza de nuestro pensamiento debe ser nuestra mejor enseña. Si sumamos fuerzas e ideas claras podremos mirar al futuro con alegría y esperanza.

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Tesis sobre la Guerra Civil española

Del 17 al 19 de julio de 1936 se produjo un alzamiento militar contra el gobierno de la República, impulsado por la Iglesia, la mayoría del Ejército, fascistas, burguesía, terratenientes y derechistas. La preparación de ese golpe de Estado había sido tolerada por el gobierno republicano, que había ganado las elecciones de febrero de 1936 gracias a la coalición de Frente Popular. Los democráticos partidos parlamentarios republicanos o monárquicos, de izquierda y de derecha, hicieron la política que más convenía a la burguesía española, y a su preparación de un cruento golpe de Estado. 
El alzamiento militar fracasó en las principales ciudades y provocó, como reacción (en la zona republicana), un movimiento revolucionario, victorioso en su insurrección armada contra el ejército. En esa victoria insurreccional jugaron un papel preponderante, en Cataluña, los Cuadros y Comités de Defensa de la CNT-FAI, que habían sido preparados desde 1931. El fracaso de Zaragoza se debía, entre otras razones, a la falta de preparación y decisión de una dirección secreta, que había actuado desde un escondrijo, en permanente negociación con las autoridades republicanas y los militares “indecisos”, en lugar de encuadrar y promover la insurrección obrera desde los Cuadros de Defensa. 
El movimiento revolucionario del 19 de julio de 1936 se produjo como reacción a un alzamiento militar. Desde octubre de 1934, y durante toda la campaña electoral de febrero de 1936, tanto la CNT-FAI, como el POUM, consideraban inevitable un enfrentamiento con las fuerzas fascistas, de las que conocían sus preparativos para un golpe de Estado, y contra las cuales prepararon concienzudamente un enfrentamiento armado, aunque nunca rechazaron el enlace y la colaboración con los partidos republicanos o con el gobierno de la Generalidad. […]


Agustín Guillamón

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Dossier sobre las posturas anarquistas en el proceso independentista catalán

El procés en Catalunya ha gestado una fuerte convulsión en el movimiento libertario, hasta el punto de provocar enfrentamientos dialécticos sobre estrategias y tácticas que poco tenían que ver con el anarquismo y su trabajo socio político. De la noche a la mañana muchos compañeros y compañeras afines a las ideas anarquistas, han participado abiertamente en elecciones o las han apoyado, y han defendido la constitución de un nuevo Estado no precisamente anticapitalista; incluso han asistido a manifestaciones en las que se enaltecía la labor del aparato represivo catalán, los mossos. Consideramos que todas estas actuaciones necesitan un debate. En este dossier hemos recogido informaciones que pueden aportar datos concretos a dicho debate, para que en la medida de lo posible, nada se olvide. Nuestros errores son una lección importante a tener en cuenta. El material acumulado cubre el período que transcurre entre e1 11 de octubre de 2017 y 26 de mayo de 2018.

Grupo Libertario Pensamiento Crítico

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La segunda Transición

Poemario de Edward Martin

Casi siempre me pregunto por qué escribo, por qué me esfuerzo en dibujar en mis libretas trazos que forman palabras, que a su vez constituyen frases, así hasta culminar un texto que hace referencia a una ebullición emocional que se abre paso, abrupta, desde mis entrañas. Paul Auster en una ocasión respondió a esta pregunta, y dijo que su vida era más soportable si escribía. No son sus palabras exactas pero sí su significado. Pienso lo mismo.
La segunda Transición es eso, la expresión sanguinolenta de un malestar ante el estado de las cosas; sobre todo ante ese lavado de cara que la vieja clase política postfranquista y la nueva, los partidos emergentes a los que denomino aventureros o aprendices de brujo, quieren hacerle al Estado y a sus instituciones. La vieja clase política lo hace desde el discurso falaz que afirma que la corrupción sistémica es cosa del pasado, y que con la Constitución en la mano la gestión del presente y del futuro del país está asegurada, a la altura moral del resto de las democracias europeas. La nueva clase política no acepta esa afirmación pero sí defiende que se puede gobernar de otra manera, y que ellos son los elegidos para hacerlo. Se repite hasta la saciedad que es necesaria una segunda Transición, y yo digo que esta ya está aquí. Cuando la desconfianza en las instituciones postfranquistas era máxima, los aventureros llegaron para reforzarlas, a fin de cuentas, para dotarlas de valor.
Desde ese espectáculo ladino y mentiroso, mi repulsión aborda el lenguaje escrito para salvaguardar mi integridad psíquica, y vuelca sobre el papel el sentir oscuro y violento del observador incansable que soy.

Edward Martin

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