Un día de furia en Parla

Entierro de Ursino en Parla el 6 de marzo / Bernardo Pérez

Se cumplen 35 años de la muerte de Ursino Gallego, un chico de 14 años, tras recibir el disparo de una pelota de goma en el pecho, durante una manifestación en Parla (Madrid). En Parla no había agua, o había poca y mala; se cortaba con frecuencia el suministro y la gente estaba harta. Se contaba que hubo un alcalde de la localidad que respondió así a unos vecinos que protestaban en otro momento anterior: ¿Quieren agua? Pues cómprense una botella de Solares.

A lo mejor era una leyenda urbana.

El caso es que todo aquello acabó en tragedia. Hubo por aquellos meses varios incidentes graves en manifestaciones y enfrentamientos con la policía en Madrid. Las fuerzas de orden público hacían frente a crecientes protestas ciudadanas, con reivindicaciones sociales, laborales o políticas en medio de una prolongada campaña electoral, porque el 1 de marzo se celebraron elecciones legislativas y un mes más tarde hubo elecciones municipales.

El domingo 25 de febrero de 1979 fue una jornada reivindicativa en Madrid. En Orcasitas fueron detenidos veinte vecinos que protestaban por el decreto sobre la vivienda de promoción directa recientemente aprobado. Estaban junto a un cine en Aluche donde José Luis Álvarez daba un mitin de UCD. Al día siguiente fueron puestos en libertad previo pago de una multa de 25.000 pesetas (150 euros).

En Getafe hubo una manifestación, reedición de otra que tuvo lugar el domingo anterior en protesta por una redada antidroga en la que la policía hizo disparos al aire y mató a Antonio Goiri, El Sevillano. En la manifestación del domingo 25 de Getafe, más numerosa que la primera, hubo un gran enfrentamiento de los vecinos con la policía antidisturbios. No fue ajena la violencia a las explicaciones oficiales sobre la muerte de El Sevillano, que “fue herido de un disparo en un glúteo, pero que este tipo de heridas no son mortales, por lo que había que suponer que la muerte se produjo por una crisis cardiaca del herido, propiciada por su debilidad física, hipotéticamente, motivada por el consumo de drogas.” Los antidisturbios entraron en la Casa del Pueblo, la registraron y golpearon a un joven que había dentro.

En Parla, hubo ese domingo una protesta por “los constantes y asfixiantes cortes de agua que sufre esta localidad”. La manifestación comenzó a las diez de la mañana y alcanzó su punto máximo hacia la una del mediodía, cuando se habían sumado a la protesta pública numerosos vecinos de distintas urbanizaciones, entre las que se encontraba la de Villajuventus. A esa hora se presentaron las fuerzas de policía antidisturbios y los manifestantes decidieron cortar, con barricadas, la carretera de Toledo, provocando un considerable tapón de tráfico. El enfrentamiento entre policía y manifestantes cobró momentos de relativa violencia cuando los vecinos comenzaron a arrojar piedras contra las fuerzas antidisturbios, a lo que éstas replicaron con lanzamiento de botes de humo. Numerosos semáforos quedaron inutilizados por las pedradas recibidas.” ¿Guerrilla urbana? Fueron cuatro horas de enfrentamientos, hubo 600 manifestantes lanzando piedras, se levantaron barricadas, se registraron cortes de tráfico en una carretera nacional…

Parla era una localidad de 40.000 habitantes -algunas cifras oficiosas elevaban a 70.000 la cifra real de residentes- en cuya planificación tampoco se tuvo en cuenta el suministro de agua, que se conseguía mediante pozos, el agua escaseaba y era de mala calidad, hasta el punto de provocar frecuentes problemas estomacales e intestinales a quienes la tomaban. Las protestas por el problema del agua -al que se añadía el pequeño inconveniente de que el pueblo estaba dividido por la carretera de Toledo- se registraban desde mayo de 1976 y el alcalde Domingo Ostolaza estaba desaparecido, porque había presentado su dimisión y no se la había aceptado por la autoridad competente. A pesar de ello, se ausentó durante varios meses en 1978 para atender asuntos personales.

Estas manifestaciones eran ilegales porque no se autorizaban alegando que se estaba en campaña electoral. Y al domingo siguiente, 4 de marzo de 1979 -se cumplen hoy 35 años- los vecinos de Parla volvieron a protestar. Fue un día de furia. Varios cientos de manifestantes comenzaron a las 10:45 la protesta. Pronto fueron miles.”¡Queremos agua!” fue el grito, y empezaron las barricadas. Había una compañía de antidisturbios que se empleó con contundencia, esto es, que lanzó botes de humo y pelotas de goma a la gente. Pero la furia no cedió y pronto estuvieron desbordados: “que vengan dos compañías más”. Por la tarde las cosas no hacían más que empeorar… “Mientras los manifestantes arrojaban piedras sin cesar, tumbaban automóviles, semáforos y postes del alumbrado, la actuación de la policía consiguió dispersar las concentraciones de manifestantes, aunque se producían saltos por numerosos sitios. El ataque contra la policía continuaba y se arrojaban macetas y objetos contundentes contra los vehículos policiales y contra los propios policías. A esa hora había resultado herida de extrema gravedad una niña. Poco después, sobre las cinco de la tarde, murió Ursino Gallego-Nicasio. Los testimonios de los testigos indican que el joven presentaba un gran hematoma en el pecho tras recibir el impacto de la bola de goma. Un amigo lo recogió y lo llevó en un taxi al ambulatorio, donde ingresó muerto a las seis de la tarde. La noticia de esta muerte comenzó a extenderse poco a poco y los enfrentamientos se reprodujeron. Algunos policías, según la nota del Gobierno Civil, fueron acorralados por gente que empuñaba armas blancas y amenazaban con matarlos. Dos policías tuvieron que usar sus armas de fuego disparando al aire para intimidar a los que intentaban agredirles. Hacia las once de la noche el pueblo recuperó la calma, aunque se oía la actuación de algunos grupos.”

La pelota que mató a Ursino se disparó “a no menos de 60 metros”, según la policía, que afirmaba que el chico estaba en una barricada. Otros testigos decían que no, que le dispararon a dos metros de distancia y que estaba en un portal. Lo cierto es que Ursino llevaba dos entradas para ir al cine esa tarde.

Al día siguiente, los partidos quisieron encauzar la protesta convocando una concentración y llamando a la calma, pero la gente desbordó toda cautela: “Menos política, más agua”, les dijeron. Hubo más barricadas y una que cortó la carretera de Toledo. “Esta barricada movió a la policía antidisturbios a actuar nuevamente con fuerzas a caballo, parejas de motociclistas y personal a pie. La calle Valladolid fue escenario de violentos enfrentamientos. Habían sido colocados cables de parte a parte de la calle para evitar la actuación de la policía a caballo y motorizada. A las doce de la noche, hora en que fue redactada esta información, continuaban los enfrentamientos entre policías y vecinos que protagonizaban numerosos saltos por diversas calles, en un clima de guerrilla urbana. La carretera de Toledo sufrió ayer una enorme colapso circulatorio, no sólo por las barricadas sino por los controles policiales montados con motivo del asesinato del general Muñoz Vázquez.” El terrorismo, gran telón de fondo de España.

EL PAÍS publicó un editorial. “La ira con la que se han manifestado los habitantes de Parla no es casual ni gratuita; hay que tener el valor de admitir que lo que urbanísticamente se ha hecho en zonas de Madrid como la salida hacia Toledo es, sencillamente, monstruoso; literalmente, todo lo contrario de lo que se supone debe ser un habitat, un entorno para vivir en sociedad. Parla puede ser un ejemplo de la cruel especulación que se ha hecho en este país con el suelo urbano, con la política de la vivienda y con la migración incontrolada del campo a las grandes ciudades. Grandes extensiones de edificios-dormitorio, de mala calidad, de pobre diseño, sin los adecuados servicios o con fallos crónicos tan graves como la falta de agua, tendidos en las lindes de carreteras de circulación nacional, meros almacenes de la mano de obra que cada mañana nutre a la gran ciudad.

Algún día habrá que recapitular las responsabilidades de quienes nos han legado este Madrid inhóspito y feo cuando, a medio destruir en 1939 y en medio de un páramo, su planificación no ofrecía dificultad alguna. Barcelona y sus municipios más cercanos, Valencia, Bilbao, principalmente, son, junto a Madrid, las ciudades más afectadas por el antiurbanismo que ha presidido su crecimiento en los últimos años.”

Finalizaba con un llamamiento explícito para reconducir hacia la política las reivindicaciones. “Pero, precisamente ahora, a un mes vista de las primeras elecciones municipales democráticas en cuarenta años, no es el momento de llevar a la calle con violencia todos los justificados y amplios memoriales de agravios acumulados por los vecinos. En Parla falta agua y una carretera nacional pone en peligro la vida de sus peatones; Parla, además, es un entorno urbano hosco y con muchos puntos de inhabitabilidad; hay muchas Parlas en las cercanías de las grandes ciudades y aun dentro de ellas. Pero no parece lo más inteligente levantar ahora las barricadas que no se levantaron antaño y cuando más razón había, cuando sólo faltan semanas para elegir libremente a quienes o solucionarán esos problemas o responderán políticamente de ellos.”

Un par de días después de su muerte, fue enterrado Ursino en el nicho 74 del cementerio en medio de una impresionante manifestación popular de duelo. Acudió toda Parla. Se le enterró a las 16:30, fue llevado a hombros hasta el cementerio (ver la imagen que encabeza esta entrada). La emoción fue desbordante y se hizo una colecta en favor de su familia a la salida del entierro. “Desde el cementerio, un pequeño grupo de jóvenes se dirigió al cruce de la carretera de Toledo con la calle de Valladolid, donde fue alcanzado por la bola de goma el joven Gallego. Tras interceptar el paso de dos autobuses-camioneta del transporte público de viajeros, las atravesaron en la carretera y desinflaron sus ruedas.

A continuación, el pequeño grupo se fue incrementando, y se practicaron numerosas barricadas a lo largo de unos dos kilómetros, a base de piedras, señales de tráfico, tubos de hierro, etcétera. El grupo concentrado en el citado cruce llegó a alcanzar a media tarde un número de unas trescientas personas, la mayor parte jóvenes y algunos niños. Se vieron muy pocas mujeres.

Poco después los manifestantes prendieron cuatro hogueras a lo largo de la carretera de Toledo y, con el fuego de una de ellas, incendiaron un turismo MG que se hallaba abandonado en una calle próxima, desde hace días, y que trasladaron hasta la carretera, donde lo volcaron repetidas veces.

Un grupo de unas cincuenta personas se había dirigido poco antes a practicar los cortes en la carretera de Pinto.

Durante las dos horas y media que aproximadamente duraron estos incidentes hasta que llegó la Policía. nadie pronunció ningún grito reivindicativo. Daba la impresión de que sólo se pretendía esperar la llegada de la fuerza pública.” Llegó: “Veinte coches de fuerzas antidisturbios hicieron acto de presencia a las ocho menos cuarto de la noche, aproximadamente. Parte de la fuerza hizo su entrada desde la dirección Toledo y otra parte por la dirección Madrid. Ante su llegada, los manifestantes se dispersaron y refugiaron tras los bloques que hacen linde con la carretera, y lanzaron gritos de «Policía asesina», y «ETA, mátalos».

Hasta las nueve de la noche no se escuchó ningún grito reivindicativo alusivo a la escasez de agua que padece el pueblo, uno de los principales motivos de estos incidentes que se han sucedido.

La policía se limitó a quitar las barricadas y dar paso a la circulación. Al tiempo, lanzaba botes de humo y bolas de goma hacia las zonas donde se hallaban los grupos de protesta. El enfrentamiento no fue tumultuoso. Desde la carretera, la policía lanzaba sus botes y desde las calles próximas los manifestantes lanzaban piedras a la fuerza pública. Ambos, en frecuentes intervalos.”

Un día más tarde, se procedió  a la destitución el alcalde Domingo Ostolaza “por dejación de funciones”… Y del agua, ¿qué? Se hizo un informe a la carrera. “Por su parte, el Canal de Isabel II ha hecho público el Informe redactado por sus técnicos sobre la situación actual del suministro de agua en Parla y las medidas más urgentes a adoptar. Según el informe, Parla se abastece exclusivamente del agua que se saca de dieciséis pozos, situados todos ellos en un radio de 2,5 kilómetros cuadrados, lo que origina, en realidad, que la mayoría coja el agua de la misma bolsa, y el suministro sea normalmente inferior al consumo.

Inmediatamente se comenzarán las obras de dos nuevos pozos, alejados de los primeros, y en el plazo de seis meses se abrirán tres más, lo que permitirá garantizar el volumen de agua necesario en los próximos dos o tres años. Las obras, incluidas las conducciones eléctricas y las tuberías, ascenderán a 34 millones de pesetas.”

Sobre el trágico suceso se cernía un manto de silencio. Un editorial de EL PAÍS, publicado el 10 de marzo, sobre el Ministerio de Interior, que había enviado una nota de protesta por otro editorial anterior, mostraba este relato de la situación, que dejaba al editorialista atónito “si no estuviéramos ya despavoridos”: “La muerte de un muchacho de catorce años en Parla, como consecuencia de la actuación de la fuerza pública, ha sido acogida con verdadera impavidez política. Ojalá el anuncio de que la autoridad se dispone a abrir una investigación para deslindar las eventuales responsabilidades en estas trágicas, absurdas e inútiles muertes no sea, como siempre, hasta ahora, el comienzo de un largo y definitivo silencio. La negativa de UCD a abrir un debate parlamentario sobre el tema no se corresponde con una actitud de defensa de los derechos humanos. Si ya hemos dicho que nos parecían una torpeza y un error, una provocación, en definitiva, las manifestaciones violentas de Parla, ello no obvia el que insistamos en que las actuaciones de la fuerza pública, cuando median vidas humanas, precisan una investigación judicial y no sólo administrativa. Sólo después de aquélla las autoridades podrán amparar con credibilidad a los servicios de seguridad del Estado.”

A los políticos les incomodaba el suceso y evitaron hablar del mismo durante la campaña electoral en curso.

Umbral daba su pincelada a este fresco español: “Muere un niño en Parla, por el agua, no hace tanto tiempo, y el Canal de Isabel II organiza unas conferencias sobre la traída de aguas. Aquí todo se tapa con unas conferencias. Yo no sé si ha habido dinero para arreglar lo de Parla pero me temo que los vecinos de Parla no van a venir en autocares a las conferencias históricas, eruditas y retóricas sobre el agua. Lo que tienen es sed, y en las conferencias suelen dar whisky. El whisky no es para beber, sino para altemar. Lo ha dicho el conde de Bugallal con motivo de este ciclo:

-Cuando llegué al Canal de Isabel II me di cuenta de la inmensa intendencia que hay detrás del grifo. Y si no sabía nada de lo que hay detrás de un grifo, ¿cómo le hicieron a Bugallal presidente y delegado del Gobiemo en el Canal? Aquí no se va a los cargos por lo que se sabe del tema, sino por lo que no se sabe. O sea que se va para aprender.”

Los problemas de abastecimiento de agua en Parla terminaron en 1982 y desde ese año se celebran en junio las Fiestas del Agua.

FUENTE: El País

Coronavirus, agronegocios y estado de excepción

Coronavirus agronegocios

Mucho se dice sobre el coronavirus Covid-19, y sin embargo muy poco. Hay aspectos fundamentales que permanecen en la sombra. Quiero nombrar algunos de éstos, distintos pero complementarios.

El primero se refiere al perverso mecanismo del capitalismo de ocultar las verdaderas causas de los problemas para no hacer nada sobre ellas, porque afecta sus intereses, pero sí hacer negocios con la aparente cura de los síntomas. Mientras tanto, los estados gastan enormes recursos públicos en medidas de prevención, contención y tratamiento, que tampoco actúan sobre las causas, por lo que esta forma de enfrentar los problemas se transforma en negocio cautivo para las transnacionales, por ejemplo, con vacunas y medicamentos.

La referencia dominante a virus y bacterias es como si éstos fueran exclusivamente organismos nocivos que deben ser eliminados. Prima un enfoque de guerra, como en tantos otros aspectos de la relación del capitalismo con la naturaleza. Sin embargo, por su capacidad de saltar entre especies, virus y bacterias son parte fundamental de la coevolución y adaptación de los seres vivos, así como de sus equilibrios con el ambiente y de su salud, incluyendo a los humanos.

El Covid-19, que ahora ocupa titulares mundiales, es una cepa de la familia de los coronavirus, que provocan enfermedades respiratorias generalmente leves pero que pueden ser graves para un muy pequeño porcentaje de los afectados debido a su vulnerabilidad. Otras cepas de coronavirus causaron el síndrome respiratorio agudo severo (SARS, por sus siglas en inglés), considerado epidemia en Asia en 2003 pero desaparecido desde 2004, y el síndrome respiratorio agudo de Oriente Medio (MERS), prácticamente desaparecido. Al igual que el Covid-19, son virus que pueden estar presentes en animales y humanos, y como sucede con todos los virus, los organismos afectados tienden a desarrollar resistencia, lo cual genera, a su vez, que el virus mute nuevamente.

Hay consenso científico en que el origen de este nuevo virus –al igual que todos los que se han declarado o amenazado ser declarados como pandemia en años recientes, incluyendo la gripe aviar y la gripe porcina que se originó en México– es zoonótico. Es decir, proviene de animales y luego muta, afectando a humanos. En el caso de Covid-19 y SARS se presume que provino de murciélagos. Aunque se culpa al consumo de éstos en mercados asiáticos, en realidad el consumo de animales silvestres en forma tradicional y local no es el problema. El factor fundamental es la destrucción de los hábitats de las especies silvestres y la invasión de éstos por asentamientos urbanos y/o expansión de la agropecuaria industrial, con lo cual se crean situaciones propias para la mutación acelerada de los virus.

La verdadera fábrica sistemática de nuevos virus y bacterias que se transmiten a humanos es la cría industrial de animales, principalmente aves, cerdos y vacas. Más de 70 por ciento de antibióticos a escala global se usan para engorde o prevención de infecciones en animales no enfermos, lo cual ha producido un gravísimo problema de resistencia a los antibióticos, también para los humanos. La OMS llamó desde 2017 a que las industrias agropecuaria, piscicultora y alimentaria dejen de utilizar sistemáticamente antibióticos para estimular el crecimiento de animales sanos. A este caldo las grandes corporaciones agropecuarias y alimentarias le agregan dosis regulares de antivirales y pesticidas dentro de las mismas instalaciones.

No obstante, es más fácil y conveniente señalar unos cuantos murciélagos o civetas –a los que seguramente se ha destruido su hábitat natural– que cuestionar estas fábricas de enfermedades humanas y animales.

La amenaza de pandemia es también selectiva. Todas las enfermedades que se han considerado epidemias en las dos décadas recientes, incluso el Covid-19, han producido mucho menos muertos que enfermedades comunes, como la gripe –de la cual, según la OMS, mueren hasta 650 mil personas por año globalmente. No obstante, estas nuevas epidemias motivan medidas extremas de vigilancia y control.

Tal como plantea el filósofo italiano Giorgio Agamben, se afirma así la tendencia creciente a utilizar el estado de excepción como paradigma normal de gobierno.

Refiriéndose al caso del Covid-19 en Italia, Agamben señala que “el decreto-ley aprobado inmediatamente por el gobierno, por razones de salud y seguridad pública, da lugar a una verdadera militarización de los municipios y zonas en que se desconoce la fuente de transmisión, fórmula tan vaga que permite extender el estado excepción a todas la regiones. A esto, agrega Agamben, se suma el estado de miedo que se ha extendido en los últimos años en las conciencias de los individuos y que se traduce en una necesidad de estados de pánico colectivo, a los que la epidemia vuelve a ofrecer el pretexto ideal. Así, en un círculo vicioso perverso, la limitación de la libertad impuesta por los gobiernos es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que ahora intervienen para satisfacerla (https://tinyurl.com/s5pua93).

Errico Malatesta: Los Bandidos Trágicos (1913)

Extraído de rebeldealegre. Publicado originalmente en La Société Nouvelle, año 19, No. 2, Agosto de 1913.

Parecería tarde para hablar aún de ello, pero el tema no obstante sigue siendo actual, dado que estamos tratando con actos y discusiones que han ocurrido una y otra vez en el pasado y que, ay, se repetirán también en el futuro mientras las causas determinantes no hayan desaparecido.

Unos cuantos individuos robaron, y para robar, mataron; mataron al azar, sin discernimiento, a quien se pusiese en medio de ellos y el dinero tras el cual iban. Mataron a personas desconocidas para ellos, trabajadores, víctimas como ellos mismos, e incluso más, de una mala organización social.

En el fondo no hubo nada en esto sino lo de costumbre: fueron ellos el agrio fruto que maduró en el árbol del privilegio en el curso normal de los eventos. Cuando toda la vida social está manchada de fraude y violencia, y cuando aquel que nace pobre está condenado a todo tipo de sufrimientos y humillaciones; cuando el dinero es algo indispensable para la satisfacción de nuestras necesidades y para el respeto hacia nuestra personalidad, y cuando para tantas personas es imposible obtenerlo por medio del trabajo honesto y digno, no hay razón para sorprenderse si de tiempo en tiempo emergen unos cuantos infortunados que, cansados del yugo e inspirados por la moral burguesa, pero sin poder apropiarse del trabajo de otros bajo la protección de los gendarmes, roba ilegalmente bajo las narices de éstos últimos. Ya que para robar no pueden organizar expediciones militares ni vender veneno disfrazado de alimento, asesinan directamente con revólveres o dagas.

Pero los “bandidos” se llamaban a sí mismos anarquistas y eso le dio una importancia y un significado simbólico a hazañas que estaban lejos de tenerlo por sí solas.

“Le Petit Journal”, periódico Francés ( 1863 – 1944.)

La burguesía saca provecho de la impresión que tales actos producen en el público para así denigrar al anarquismo y consolidar su propio poder. La policía, que con frecuencia son los instigadores secretos de estas hazañas, las utilizan para magnificar su propia importancia y para satisfacer sus instintos persecutorios y asesinos de modo de recuperar el costo de la sangre derramada en moneda fuerte y promociones. Lo que es más, dado que se habló del anarquismo, un número de nuestros camaradas se sintió obligado a no negar lo que se llama a sí mismo anarquista. Muchos, fascinados por lo coloreado de la aventura, admirando el coraje de los protagonistas, vio en esto nada más que un acto de rebelión contra la ley, olvidando examinar el por qué y el cómo.

Pero me parece que para determinar nuestra conducta, y aconsejar a la de otros, es importante examinar las cosas con calma, para juzgarlas de acuerdo a nuestras aspiraciones y para no conceder a las impresiones estéticas más valor del que tienen en realidad.

Seguro estos hombres fueron corajudos, y el coraje (que quizás es nada más que buena salud física) es sin temor alguno a la contradicción una cualidad maravillosa. Pero puede ser usada al servicio tanto del mal como del bien. Hemos visto personas corajudas entre los mártires de la libertad y también entre los más odiosos tiranos. Puede hallarse en revolucionarios como también puede hallarse entre camorristas, soldados y policías. Normalmente calificamos correctamente de héroes a quienes arriesgan sus vidas por el bien y tratamos de individuos violentos o, en los casos más serios, como brutos sin sentimientos y sedientos de sangre, a quienes usan su coraje para hacer mal.

No negaré lo colorido de estos episodios e incluso, en cierto sentido, su belleza estética. Pero los poetas admiradores del “beau geste” debiesen tomarse la molestia de reflexionar un poco.

Un automóvil yendo a toda velocidad, conducido por hombres armados con Brownings que esparcen el terror y la muerte en su camino es más moderno pero no más colorido que un bandolero de sombrero emplumado armado con un trabuco que asalta y roba a una caravana de viajantes, o que el barón feudal, vestido de acero y sentado en un caballo de guerra demandando su parte a una persona común, y no tiene más valor. Si el gobierno italiano hubiese tenido algo más que generales de operetta y jefes ignorantes y ladrones quizás hubiese logrado una bella operación militar en Libia, pero ¿hubiese sido la guerra en algo menos criminal o moralmente horrorosa por eso?

Sin embargo estos bandidos no eran, o al menos no todos eran, criminales vulgares.

Entre estos “ladrones” había idealistas desorientados; entre estos “asesinos” había naturalezas heróicas que en otras circunstancias, o inspirados por otras ideas, podrían haberse afirmado como tales. Lo cierto para quienes les conocían es que estos individuos estaban preocupados con ideas y que, si reaccionaron con ferocidad para satisfacer sus pasiones y sus necesidades, fue en gran medida bajo la influencia de una noción especial de la vida y la lucha.

¿Pero son anarquistas estas ideas?

¿Pueden estas ideas, aún si le concedemos a las palabras su sentido más amplio, ser confundidas con el anarquismo, o están, por el contrario, en flagrante contradicción con él?Ese es el asunto.

* * *

Un anarquista es, por definición, alguien que no quiere ser oprimido ni opresor, que quiere el máximo de bienestar, la mayor cantidad de libertad, el más completo florecer de todos los humanos.

Sus ideas, sus deseos, todos rescatan sus orígenes del sentimiento de simpatía, del respeto por todos los seres, un sentimiento que debe ser lo suficientemente fuerte como para llevarle a desear la felicidad de los demás tanto como la propia, y para renunciar a las ventajas personales cuya obtención requiere el sacrificio de otros. Si este no fuera el caso, ¿por qué sería enemigo de la opresión y por qué buscaría no ser un opresor?

El anarquista sabe que el individuo no puede vivir fuera de la sociedad. Que por el contrario, como ser humano existe solamente porque carga, resumidos en él, con los resultados de las obras de incontables generaciones pasadas, y porque se beneficia toda su vida de la colaboración de sus contemporáneos.

Sabe también que la actividad de cada cual influye directa o indirectamente en la vida de todos, y por ende reconoce la gran ley de la solidaridad que reina en la sociedad así como también en la naturaleza. Y ya que desea la libertad para todos debe desear que la actividad de aquella solidaridad necesaria, en vez de ser impuesta y aceptada inconsciente e involuntariamente, en vez de ser dejada al azar y explotada para el beneficio de algunos y para el detrimento de otros, se vuelva consciente y voluntaria y que se manifieste en igual beneficio para todos.

O ser el oprimido o el opresor, o cooperar para el bien mayor de todos: no hay otras alternativas. Y los anarquistas están naturalmente — y no podría ser de otro modo — por la cooperación libre y consensuada.

Entonces no “filosofemos” ni hablemos de egoísmo, altruísmo y otros acertijos. Concordaremos con gusto: somos egoístas. Todos nosotros buscamos nuestra propia satisfacción, pero es  anarquista quien encontrará su mayor satisfacción en luchar por el bien de todos, por la venida de una sociedad dentro de la cual se sentirá hermano entre sus hermanos, entre seres humanos saludables, inteligentes, ilustrados y felices. Quien puede vivir satisfecho entre esclavos y puede sacar provecho del trabajo de esclavos no es, y no puede ser, anarquista.

Hay individuos fuertes, inteligentes, apasionados, presos de grandes necesidades materiales o intelectuales que, puestos en las filas de los oprimidos, quieren a cualquier costo liberarse y, para hacerlo, no dudan en volverse opresores. Estos individuos, hallándose bloqueados por la sociedad actual, llegan a odiar y despreciar a todas las sociedades y, cayendo en cuenta de que sería absurdo querer vivir fuera de la colectividad, quieren hacer que todas las personas se sometan a su voluntad, a la satisfacción de sus propias pasiones. A veces, cuando están de algún modo enamorados de la literatura, se llaman a sí mismos “superhombres.” Inescrupulosos, quieren “vivir sus vidas.”

Burlándose de la revolución y de toda esperanza del futuro, quieren disfrutar el momento a cualquier precio y con desdén por todos. Sacrificarían a toda la humanidad por una hora — y algunos lo han dicho literalmente — de “vida intensa.”

Son rebeldes, pero no anarquistas. Tienen la mentalidad, los sentimientos de burgués fracasado, y si se las arreglan para tener éxito se convierten en reales burgueses, y ni un poco menos terribles entre ellos.

En el curso de la lucha ocurre a veces que los encontramos a nuestro lado, pero no podemos, no debemos, ni tampoco queremos confundirnos con ellos. Y ellos saben esto muy bien.

* * *

Pero muchos entre ellos aman llamarse anarquistas. Es cierto, y deplorable.

Por supuesto no podemos impedirle a las personas adoptar el nombre que gusten, y de nuestra parte no podemos abandonar el nombre que resume nuestras ideas y que nos pertenece, lógicamente e históricamente. Lo que podemos hacer es asegurarnos de que no haya confusión al respecto, o al menos la menor cantidad de confusión posible.Sin embargo, debemos intentar descubrir cómo es que individuos con aspiraciones tan contrarias a las nuestras han podido apropiarse de un nombre que es la negación de sus ideas, de sus sentimientos.

Aludí antes a las sospechosas maniobras de la policía, y sería fácil para mí probar que ciertas aberraciones por las que han intentado culpar a los anarquistas tuvieron como lugar de origen los antros de perdición de la policía: Andrieux, Goron y su estirpe.

En el momento en que el anarquismo comenzó a manifestarse y a obtener importancia en Francia la policía tuvo la brillante idea, digna del más ladino de los jesuítas, de luchar contra el movimiento desde dentro. Con este fin en mente enviaron agentes provocadores entre los anarquistas que simulaban aires ultra-revolucionarios e ideas anarquistas hábilmente parodiadas, las volvían grotescas y diametralmente opuestas a lo que son en realidad. Fundaron periódicos pagados por la policía, provocaron actos dementes y criminales de manera de ponerlas de muestra y que calificasen como anarquistas, comprometieron a inocentes y sinceros jóvenes a quienes poco después delataron y, con la complicidad de la prensa burguesa, lograron persuadir a una parte del público que el anarquismo era lo que ellos presentaban. Y los compañeros franceses tienen buena razón para creer que las mismas maniobras policíacas están todavía llevándose a cabo y que no son ajenos a los eventos que estamos tratando en este artículo. A veces los eventos exceden a las intenciones de los provocadores, pero en cualquier caso, la policía se beneficia de ellos de igual modo.

Debemos añadir a estas influencias de la policía otras que son menos desagradables pero no menos dañinas. En un momento en que sorprendentes atentados atrajeron la atención del público a las ideas anarquistas, escritores de talento, profesionales del bolígrafo siempre en búsqueda de un tema novedoso y la sensacional paradoja, se dispusieron a hacer anarquismo. Y ya que eran burgueses de mentalidad y educación, con ambiciones burguesas, hicieron al anarquismo algo adecuado como para dar a las imaginativas jóvenes y las indiferentes señoras un escalofrío sensual, pero que nada tenía

que ver con el movimiento emancipador de las masas que el anarquismo puede provocar… Eran hombres de talento, que escribían bien, a menudo proponiendo cosas que nadie entendía y… eran admirados. En cierto momento ¿no se dijo en Italia que Gabriele D’Annunzio se había vuelto socialista?

Gabriele D’Annunzio ( 1863 – 1938) Novelista, poeta, dramaturgo, militar y político italiano

Luego de un tiempo estos “intelectuales” volvieron al seno burgués para probar ahí el precio de la notoriedad adquirida, mostrando ser lo que nunca dejaron de ser: aventureros literarios en busca de publicidad. Pero el daño ya se había hecho.

* * *

En resumen, nada de esto hubiese causado gran daño si solo existiesen personas con ideas claras, sabiendo claramente qué quieren y actuando en consecuencia. Pero junto a ellos cuántos hay con ideas confundidas, sus almas inciertas, yendo sin cesar de un extremo al otro.

Así es como es con aquellos quienes se llaman y se creen anarquistas pero que se glorifican en los viles actos que cometen (y que son generalmente excusables por necesidad o por su entorno) diciendo que los burgueses actúan de igual modo, e incluso peor. Esto es cierto, pero ¿por qué entonces pensar que eres distinto o mejor que ellos?

Condenan a los burgueses porque roban al trabajador buena parte de su trabajo, pero nada tienen que decir si uno de los suyos roba al trabajador lo poco que el burgués le dejó.

Se indignan cuando el patrón, para incrementar sus ganancias, hace trabajar a una persona en condiciones insalubres, pero están llenos de indulgencia por quien apuñala a la persona para robar unos cuantos sous.

No tienen más que desdén por el usurero que extorsiona unos cuantos francos de interés al pobre diablo por los diez francos que le prestó, pero encuentran estimable que uno de ellos tome diez francos de él de diez (que no le prestó) pasándole una moneda falsa.

Ya que son pobres de espíritu creen ser seres naturalmente superiores y sienten un profundo desprecio por las “masas atontadas,” arrogándose el derecho a hacer daño a trabajadores, a los pobres, y a los desafortunados porque “ellos no se rebelan y son por lo tanto defensores de la sociedad actual.” 

Conozco a un capitalista que, al sentarse en un café, se place en llamarse socialista, o incluso anarquista, pero en su fábrica no es menos explotador: un patrón avaro, duro, orgulloso. Y no lo niega en absoluto, pero tiene el hábito de justificar su conducta de un modo bastante original para un patrón:

“Mis trabajadores,” argumenta, “merecen el tratamiento que les hago sufrir, ya que se someten a él. Tienen personalidad de esclavos, y son defensores del régimen burgués, etc. etc.”

Este es exactamente el lenguaje de aquellos que se llaman anarquistas pero que no sienten ni simpatía ni solidaridad para con los oprimidos. La conclusión sería que sus verdaderos amigos son los patrones y sus enemigos la masa de los desheredados.

Bien entonces, ¿qué hacen hablando de emancipación y anarquismo? Que se vayan con la burguesía y nos dejen a nosotros en paz.

* * *

He dicho suficiente y debo concluir.

Concluiré dando algunos consejos a aquellos que quieren “vivir sus vidas” y que no les importa la vida de los demás.

El robo y el asesinato son medios peligrosos y, en general, no muy rentables. Por ese camino solo logras pasar la vida en prisión o dejar tu cabeza en la guillotina — especialmente si tienes la impudicia de atraer la atención de la policía llamándote anarquista y frecuentando anarquistas.Es difícilmente un asunto rentable.

Cuando eres inteligente, enérgico e inescrupuloso es fácil hacerte paso entre la burguesía.

Que entonces se esmeren mediante el robo y el asesinato legal para volverse burgueses. Les iría mucho mejor, y si es cierto que tienen simpatías intelectuales con el anarquismo se evitarán el disgusto de dañar la causa que les es querida — intelectualmente.

El Anarquista y el Genio: ciencia y literatura en La Revista Blanca (1898-1905)

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El pensamiento anarquista de finales del siglo XIX reservaba un lugar destacado a la figura del genio. A primera vista, es sorprendente esta exaltación de la superioridad intelectual en una cultura política caracterizada por su apasionada defensa de la igualdad y la horizontalidad. La importancia del genio se basaba en el enorme valor que el anarquismo otorgaba a la capacidad de la razón para transformar la sociedad, lo que le llevó a enfatizar el rol del individuo por sobre los condicionamientos políticos, económicos y sociales subyacentes a la ciencia y la cultura. El genio pasaba así a ser uno de los principales agentes del progreso de la humanidad. En este artículo analizaremos el modo en que el anarquismo concibió la figura del genio científico y literario. Para ello, nos centraremos en uno de los proyectos editoriales libertarios más logrados: La Revista Blanca, cuya primera época se publicó en Madrid entre 1898 y 1905.

Teresa Mañé (Soledad Gustavo) y Joan Montseny (Federico Urales)

La historia de La Revista Blanca -llamada así en homenaje a una conocida publicación francesa- se encuentra ligada a dos de las principales figuras del anarquismo catalán: la pareja compuesta por Joan Montseny y Teresa Mañé, más conocidos por los respectivos pseudónimos de Federico Urales y Soledad Gustavo. Editores y autores a la vez, ambos constituyeron la verdadera fuerza detrás de La Revista Blanca.  La revista se concibió como una apuesta transversal más que exclusivamente libertaria, centrada en la difusión de las principales novedades en el campo de la sociología, la ciencia, el arte y la literatura. Para hacer realidad este proyecto fue fundamental la capacidad de conseguir la participación de un amplio abanico de colaboradores, algunos de ellos de gran prestigio como Miguel de Unamuno, Pedro Dorado o Francisco Giner de los Ríos.

Para comprender la figura del genio en el pensamiento anarquista, es necesario situarla dentro de una serie de problemáticas más amplias. En primer lugar, como ha señalado José Álvarez Junco (1976) existía un contraste entre la visión del mundo profundamente materialista de los anarquistas, basada tanto en la tradición ilustrada como en su radical antiteísmo; y, por otro lado, una filosofía de la historia idealista heredera de su raíz liberal. Los anarquistas consideraban que las ideas tenían la capacidad de transformar al mundo, constituyendo el auténtico motor de la historia, y unificando progreso y evolución intelectual.

Evidentemente, el pueblo constituía la verdadera fuerza revolucionaria, pero se encontraba sumido en la ignorancia. Las masas requerían de figuras capaces de romper los esquemas establecidos para movilizarse. En el modelo anarquista de la evolución histórica, la misión reservada a los genios era sumamente importante, en cuanto la formulación de nuevas ideas era uno de los momentos básicos para el progreso de la humanidad. En este sentido, La Revista Blanca se entendía como un espacio de intermediación entre los intelectuales y las masas, a través de la divulgación de los avances en los principales ámbitos de la cultura humana. Como señalaba el manifestó inaugural de la revista:

«Los cambios de ideas truécanse en cambios de hechos, porque á evolución de pensamiento corresponde evolución de costumbres. Los seres superiores aquí, allí y en todas partes hallan estrechos los actuales moldes sociales, dentro de los cuales pugnan por salir la Ciencia, el Arte, y la Sociología. (…) Mientras la educación no sea integral; mientras los individuos dispongan de diferentes medios para instruirse, el público será arrastrado por la fuerza intelectual de los mejor dispuestos para crear innovaciones y de los que mejores medios habrán tenido para ponerse al corriente de los adelantos del siglo. (…) Cuanto más aislada se produce la opinión de los hombres superiores, cuantos menos elementos intermedios existen entre el pueblo y el individuo, más difícil es la comunicación de los que piensan para la humanidad de mañana, con los que obran conforme el pensamiento de los que pensaron ayer (…) Una de las condiciones que exige el resultado apetecido es que haya elementos que trasmitan al pueblo las ideas reformadoras; que sirvan de comunicación entre lo pasado y lo futuro, entre lo que impera y lo que ha de imperar, y que lo haga fielmente con amor, con cariño, con voluntad. Esta es la misión que se propone LA REVISTA BLANCA» (La Redacción, 1898, pp. 1-2).

A pesar de que la reflexión sobre la genialidad como misteriosa fuerza intelectual estaba ya presente en los pensadores clásicos, la noción moderna del genio es un producto de la Ilustración. A partir del siglo XVIII, la genialidad se convirtió en la prerrogativa de un reducido grupo de individuos, que representaban los ideales más elevados de la humanidad. No obstante, a finales del siglo XIX el genio pasó también a tener un carácter patológico. En un contexto anterior al de la difusión de la genética mendeliana, y en el que las teorías neolamarckianas eran especialmente influyentes, la genialidad se consideraba como un rasgo transmitido hereditariamente, e incluso como síntoma de degeneración.

Joan Montseny (Federico Urales) tuvo un especial interés en los temas de la herencia y la degeneración, por lo que su concepción de la genialidad estuvo marcada por un carácter biológico. Para Montseny, el sabio podía adquirir conocimiento a través del estudio, pero carecía de la capacidad de innovar que caracterizaba al genio. Si el sabio poseía un conocimiento adquirido, el genio lo había heredado biológicamente, conteniendo en su cerebro el saber de todas las generaciones precedentes. Esta evolución orgánica le otorgaba al genio la capacidad de adelantarse a su época e intuir las ideas del futuro: «no le preguntéis por los libros que ha leído; pero preguntadle algo, y os explicará lo que los libros dirán mañana o lo que deberían decir hoy» (Urales, 1899, p. 177).

Desde un punto de vista teórico, los principales textos que trataron la problemática del genio en la revista destacaban algunos elementos básicos. La genialidad tenía un carácter biológico y evolutivo, que se habría iniciado entre los seres humanos primitivos para luego generar una raza superior dotada de pensamientos cada vez más profundos. Además de esta superioridad biológica y mental, la originalidad era otro de los aspectos centrales. Lo que definía al genio era su capacidad para concebir ideas nuevas, en cuanto solamente los intelectos superiores y más desarrollados podían responder a los estímulos externos por medio de pensamientos y de actos no usados hasta entonces. Por el contrario, el resto de los mortales tan sólo podía pensar en el modo tradicional heredado de sus antepasados (Winiarski, 1899; Nordau, 1902a y 1902b).

La capacidad de innovar del genio estaba en la base de otro de sus rasgos definitorios: su conflicto con la sociedad. Con frecuencia, en La Revista Blanca se consideraba que el pueblo se veía afectado de una aversión atávica a las innovaciones (lo que Lombroso denominaba “misoneísmo”). Las masas ignorantes eran incapaces de comprender las nuevas ideas, por lo tendía a reaccionar violentamente ante lo que amenazaba sus creencias tradicionales. La sociedad sólo podía aceptar al genio cuando se sometía a sus leyes; lo que acaba por normalizarle y trastornar su equilibrio mental. En definitiva, si el genio decidía defender sus ideas frente a la sociedad se ponía necesariamente en peligro.

La figura de Friedrich Nietzsche suscitó algunos de los principales debates con respecto a los límites entre la genialidad y la locura.

Existían diferencias importantes en el tratamiento del genio literario y científico, derivadas del diferente marco cultural en que ambas figuras se insertaban. El anarquismo tenía una concepción del arte basada en su función social y en la defensa de un ideal revolucionario. Una sensibilidad cercana al naturalismo que chocaba con las tendencias vanguardistas que proponían la búsqueda del arte por el arte. En este sentido, la problemática del genio literario se vio encuadrada en la crítica al modernismo, considerado como manifestación de degeneración y decadencia cultural (Litvak, 1977). La figura del genio literario era un personaje mentalmente frágil que vivía muchas veces en un precario equilibrio. La relación entre genialidad y locura era un tópico común a finales del siglo XIX en el mundo artístico, especialmente en cuanto no parecían condiciones incompatibles.

Por el contrario, la figura del genio científico tenía un claro carácter positivo. No era un loco, sino un individuo adelantado a su tiempo, por lo que se encontraba siempre en peligro de ser perseguido y ridiculizado. El genio científico se transformaba así en un rebelde que sostenía una lucha cultural contra el poder establecido. Incluso sin asumir una postura política, el verdadero genio científico era un revolucionario en cuanto su lucha tenía como objetivo el triunfo del conocimiento sobre la ignorancia.

La problemática del genio científico se insertaba dentro de un marco cultural muy diferente: el de la gran fe del anarquismo en la capacidad de la Ciencia para emancipar a la humanidad, sustentada en una narrativa definida como el modelo de la “ciencia heroica” (Appleby et al., 1998, pp. 27-58). La lucha de los grandes científicos para defender la verdad contra el poder oscurantista de la Iglesia era una referencia constante en el ámbito libertario. A través de la reivindicación de símbolos como Galileo, Copérnico o Giordano Bruno, el movimiento anarquista se insertaba como parte de una lucha de varios siglos entre el Bien y el Mal.

Giordano Bruno, quemado en la hoguera por la Inquisición

En conclusión, si el punto de partida para la comprensión del genio en el pensamiento anarquista era la contradicción entre idealismo y materialismo, no es de extrañar que el resultado final sea también contradictorio. A pesar de que la genialidad era un atributo general, su manifestación en los distintos ámbitos de la cultura humana producía resultados diferentes. Había un abismo entre el genio literario decadente, morboso y degenerado, y los grandes símbolos de la “ciencia heroica”, en constante lucha contra el poder y la ignorancia.

Estas contradicciones reflejaban el hecho de que la especulación sobre la figura del genio no era un mero ejercicio teórico, sino que interpelaba directamente el rol histórico del movimiento anarquista y sus principales publicistas (muchos de ellos obreros autodidactas). Como ha señalado Álvaro Girón, la importancia reservada al genio era un modo de legitimar el rol de las élites intelectuales anarquistas, que también constituían la demonstración empírica del potencial biológico presente en el pueblo (Girón, 2005, pp. 214-231).

El anarquista podía identificarse con facilidad en la figura heroica del genio. Ambos formaban parte de una minoría de adelantados perseguidos por el poder y ridiculizados por una sociedad incapaz de comprenderles. En este sentido, la figura del genio permitía al anarquismo identificarse como parte de un movimiento de larga duración a favor de la Libertad y la Verdad. Una narrativa histórica compartida por gran parte del mundo liberal y librepensador, que, además, demostraba que las ideas consideradas un día como una utopía podían ser en el futuro verdades universalmente aceptadas.

JUAN CRISTÓBAL MARINELLO

Bibliografía

Álvarez Junco, José (1976), La ideología política del anarquismo español (1868-1910), Madrid, Siglo XXI.

Appleby, Joyce; Hunt, Lynn; Jacob, Margaret C. (1998), La verdad sobre la historia, Santiago de Chile, Andres Bello.

ERA 80, eds. (1977), Els Anarquistes educadors del poble: «La Revista Blanca» (1898-1905), Barcelona, Curial.

Girón, Álvaro (2000), “¿Hacer tabla rasa de la historia?: la analogía entre herencia fisiológica y memoria en el anarquismo español (1870-1914)”, Asclepio, 52 (2), pp. 99-118.

Girón, Álvaro (2005), En la mesa con Darwin: evolución y revolución en el movimiento libertario en España (1869-1914), Madrid, CSIC.

La Redacción (1898), “La Revista Blanca”, La Revista Blanca, núm. 1 (1 de julio).

Litvak, Lily (1977), “La idea de la decadencia en la crítica antimodernista en España (1888-1910)”, Hispanic Review, 45 (4), pp. 397-412.

Murray, Penelope, ed. (1989), Genius: The History of an Idea. New York, Blackwell.

Nordau, Max (1902a), “Psico-fisiología del genio y del talento”, La Revista Blanca, núm. 89 (1 de marzo).

Nordau, Max (1902b), “El genio”, La Revista Blanca, núm. 95 (1 de junio).

Romero, Julio (1995), “‘Nullum magnum ingenium sine mixtura dementiae’: El mito del genio y la locura”, Arte, Individuo y Sociedad, núm. 7, pp. 123-140.

Urales, Federico [Joan Montseny] (1899), “Miguel Cervantes”, La Revista Blanca, núm. 31 (1 de octubre).

Valle-Inclán, Javier del (2008), Biografía de La Revista Blanca: 1898-1905, Barcelona, Sintra, 2008.

Winiarski, Léon (1899), “Nueva teoría sobre el genio”, La Revista Blanca, núms. 30, 31 y 32.

El espléndido veranillo de la anarquía

Recorrió las calles de Barcelona en las Jornadas Libertarias Internacionales. Pasó por el Baix Llobregat, recorriendo como una brisa las callejuelas del Poblado Roca, fue visto en Vitoria en el barrio de Zaramaga en los días de marzo del 76, y llegó también a la Plaza de Toros de San Sebastián de los Reyes. El segundo verano de la anarquía se encarnó en colectividades y figuras anónimas, se desparramó en un movimiento autónomo y anticapitalista que emergía en los años 70 a través de lecturas dispersas, músicas modernas y luchas por la ruptura de la sociedad-fábrica, y vio resurgir a la Confederación Nacional del Trabajo, el sindicato que protagonizó la lucha obrera desde los años 20 e hizo posible la corta revolución de 1936.

Luis E. Herrero ha dirigido El entusiasmo (Hanoi films, 2019), un documental que recoge algunos fogonazos del segundo verano de la anarquía, el que recorrió España en los estertores del régimen franquista y situó a CNT como paraguas de las ideas libertarias que estaban cuajando en España tras varias décadas de silenciamiento por la vía de la tortura. Herrero presenta la película hoy domingo 9 de febrero en Cinema Maldà de Barcelona y el próximo 13 de febrero en la Sala Mirador de Madrid. Si la anarquía significa el rechazo o la negación de toda autoridad, El Entusiasmo presenta esa idea en su versión más luminosa, muestra todos los síes dentro de ese sonoro “no” ante lo que se estaba configurando ya como el arreglo de salida del Franquismo que ha determinado el rumbo de España desde entonces. Leer más…

EL SALTO

Librería anarquista LaMalatesta viernes 31 enero, 19h. Tertulia: “Vida pública y vida privada”

A mi entender (supongo que en eso estaréis muchos conmigo), no hay cosa más urgente, desde un punto de vista político, que para mí se confunde con el moral, no hay nada más urgente que atacar la separación entre vida privada y vida pública. Es decir, atacar seriamente y de frente al individuo personal.

Se comprende bien la necesidad y la urgencia: la necesidad, porque en la tradición, no voy a decir revolucionaria, sino revoltosa, en la tradición secular de rebelión de los de abajo contra los de arriba, esta confusión, este engaño que se centra en la persona sigue, por desgracia, todavía haciendo mucho daño, no está debidamente atacado: todavía se sigue con el pensamiento de que cuando se grita libertad, se está gritando libertad del individuo, libertad de uno. Esto es una cosa que tal vez los abuelos anarquistas se podían permitir, porque la historia no estaba tan configurada como está en la sociedad del bienestar; se podía permitir, hasta cierto punto, esta confusión, era tal vez venial, pero, desde luego, en la perfección del sistema, nosotros no podemos consentírnoslo ni por un momento.

Si queréis muestras de la importancia del asunto, pues ya veis que justamente la democracia desarrollada, el régimen que padecemos, justamente ha tomado como apoyo último, eso, el individuo. Lo que Ellos, lo que los Ejecutivos llaman el Hombre, de vez en cuando, con mayúsculas. El Hombre, que quiere decir un hombre cuya ansia consiste en asegurar el futuro y desde ese momento es un hombre que es dinero, porque no hay más tiempo que el futuro, no hay más tiempo vacío que el futuro y el tiempo vacío es la verdadera forma del dinero.

De manera que si somos conscientes, y más que conscientes, lo padecemos cada día, de hasta qué punto el Régimen, el actual, el único del que debemos ocuparnos de frente y de perfil, está fundado sobre el Individuo y en la creencia de la libertad personal, libertad de compra y venta, libertad de expresión, y todo tipo de libertades, pero siempre libertades de uno, de Fulano y de Mengano, entonces, creo que no cabrá duda de que no puede haber un tema más importante, desde el punto de vista político, que intentemos atacar eso.

Por otra parte, es el más inmediato, y por eso os voy a dar la voz enseguida, porque no hay ninguno de vosotros que pueda decir que no tiene nada que decir sobre la cuestión. Porque todos tenéis vida privada, por desgracia. Todos tenéis vida privada y, si tenéis vida privada, estáis sujetos a la moral, a una moral separada de la política, y ésta es la desgracia principal que nos oprime. Tendríamos que aspirar a que no hubiera más moral del comportamiento del Individuo, de la Persona, que nos importa un bledo: que se tratara, simplemente, del comportamiento y de la vida de la comunidad, de lo común. Eso quiere decir rompre este sacramento, que es el principal del Régimen, de la separación entre la vida privada y la vida pública.

De qué diablos nos sirve que aquí discutamos grandes cosas contra el Estado, contra el Capital, que examinemos con cierta lucidez los mecanismos de esos monstruos que nos oprimen, si luego llegamos a casa y tenemos a la mujer, o al “tronco” al lado, que nos dice “Ah, pues ¿qué ha dicho Fulano? ¡Qué buenas ideas tiene el tal! Pero se ha puesto un poco pesado, ¿no?, ¿tú que crees? Apaga la luz de la escalera, vámonos a la cama”. Y todo, toda la discusión aquella, al llegar a la escalera, al comedor, a la alcoba, los símbolos que empleo de la vida privada, ha quedado reducido a nada. Todo allí ha venido a ser juzgado como en una última instancia por la conversación, por ejemplo, conyugal entre los dos miembros de la pareja o con cualquier otra tontería por el estilo.

De manera que no hace falta mucho más para convenceros, creo, de la inutilidad de intentar hacer ninguna política que se mantenga al margen y que no ataque directamente la vida privada al mismo tiempo. Que no ataque, es decir, esa separación.

Contra el Hombre
Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid 1997

LaMalatesta, c/Jesús y María, 24 de Madrid