¡Cuidado!… la revolución de los cuidados

ROSA FRAILE. Extraído del cnt nº 420

Nuestra palabra «cuidado» deriva del latín «Cogitatus» que significa «pensamiento», «reflexión». Quizás sea la razón por la que a pesar de las diferentes acepciones que tiene el término «cuidado», todas ellas implican poner en acción a nuestro intelecto junto con todos nuestros sentidos. En lo que se refiere al cuidado de las personas, éste, es fundamental para el avance y prosperidad de la sociedad. Si tenemos en cuenta que nacemos necesitando cuidados —pues sin ellos no sobreviviríamos—, que nuestra calidad y esperanza de vida está muy relacionada con los cuidados que recibimos y que por último morimos precisando normalmente bastante atención y cuidado, resulta que los cuidados ocupan como quien dice la totalidad de nuestra existencia. O bien los damos o bien los recibimos.

El cuidado de las personas es fundamental para el avance y prosperidad de la sociedad.

Reflexionar desde una óptica libertaria sobre el mundo de los cuidados es una tarea que tenemos pendiente y va siendo urgente empezar a plantearnos las implicaciones que tiene el encaje socio-económico de los cuidados. La forma en la que se organizan y estructuran esos cuidados es una cuestión política, que además es fiel reflejo de los principios e idearios que sustentan a esa sociedad. No podemos permitirnos estar al margen.

Tenemos que ser capaces de desgranar críticamente la estructuración actual de los cuidados y presentar el modelo al que queremos llegar. Deberíamos proponer y exigir cambios y establecer líneas de trabajo trasformadoras para que cuidar no sea una cuestión de género, al tiempo que ser cuidado con dignidad y sin deshumanización se garantice y establezca como un derecho fundamental.

Simplificando mucho, podría afirmarse que existen dos amplios panoramas claramente diferenciados en relación con los Cuidados, que nos obligan a realizar análisis y encajes socioeconómicos diferentes desde una óptica anarcosindicalista y libertaria.

Deberíamos proponer y exigir cambios y establecer líneas de trabajo trasformadoras para que cuidar no sea una cuestión de género.

Por una parte un cuidado remunerado, profesionalizado y especializado, con un alto grado de cualificación muchas veces y que se desarrolla básicamente en el ámbito sanitario y geriátrico: hospitales, ambulatorios, clínicas, centros psiquiátricos, centros de día, residencias de tercera edad, etc. Otras veces presenta menor grado de cualificación y se desarrolla en el ámbito privado como es el caso de la asistencia domiciliaria que gestionan normalmente las administraciones locales. Sea como fuere, tienen en común que son actividades acogidas a negociación colectiva, están remuneradas y muy feminizadas.

Y por otra parte está el cuidado que se desarrolla en el ámbito privado y familiar, no profesionalizado —por no requerir de titulación alguna para su ejercicio— y en el que incluiremos desde el llamado Servicio Doméstico, mal retribuido y al margen de la legalidad en muchas ocasiones y el trabajo de cuidado impulsado por lazos afectivos, no retribuido ni reconocido y que sortea en muchos casos las carencias económicas de las familias que impiden proporcionar a la persona enferma o dependiente los cuidados especializados que necesita, y cuyo ejercicio agota física y emocionalmente a quien cuida, además de apartarla generalmente del mercado laboral. En estos casos la atención y cuidado de quien cuida, pasa a ser otro aspecto más a valorar y analizar.

Como puede apreciarse el tema de los cuidados es muy amplio y presenta múltiples frentes, más aún si tenemos en cuenta que en el mundo occidental nos encaminamos hacia sociedades cada vez más envejecidas, lo que será un gran reto en lo que a cuidados se refiere, sobre todo para que nadie pierda su dignidad e integridad como persona, ni quien recibe cuidados, ni quien los presta. Igualmente es necesario tratar el derecho a decidir cuándo poner fin a los cuidados que recibimos.

En este gran tema de los cuidados están en juego no solo cuestiones relacionadas con la igualdad de género o el reparto sexual de tareas y roles, nos jugamos el modelo de sociedad al que aspiramos.

En este gran tema, —el mundo de los cuidados—, está en juego no solo cuestiones relacionadas con la igualdad de género o el reparto sexual de tareas y roles, nos jugamos el modelo de sociedad al que aspiramos. Sería estupendo que este dosier que aquí se presenta, sirviera para empezar a formular nuestras propuestas ya que la necesaria revolución de los cuidados forma parte de nuestra revolución social.

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Manifestación en defensa del transporte público

Desde la supuesta crisis, lo público (educación, sanidad, transporte, servicios sociales, etc) ha venido sufriendo las “mejoras” de los que gobiernan y que se traducen en forma de cargos directivos, pero para las personas que utilizamos el transporte público (autobuses, cercanías, y metro) significa tarifas más elevadas, peor servicio, continuas obras en verano que se alargan hasta bien entrada la vuelta al trabajo, colegio, universidad, etc; largas esperas en andenes o paradas de autobuses… y esto teniendo en cuenta que se esté en la capital, que cuenta con otras alternativas, públicas y privadas (taxi, uber, cabify) no siempre al alcance de todos los bolsillos. Para aquellas personas que vivan por ejemplo en la sierra de la comunidad se olvida que se trata de un derecho básico que afecta a las personas a la hora de acceder a su trabajo, al ocio, a la cultura y a los servicios básicos. Difícil y caro desplazarse de un pueblo a otro en nuestra sierra y mucho menos avanzar hacia un modelo de transporte sostenible dónde poner el acento en lo colectivo desde todos los puntos de vista. Medio ambiental, social y económico. Como ejemplo tenemos el tren, cuya viabilidad es tan sencilla como poner en marcha el servicio a pueblos como Soto del Real, dónde ya existen los tramos de vías, o a San Agustín de Guadalix, promesas, promesas…

Todo esto tiene sus consecuencias; como puedan ser las que se enumeran a continuación:

  • Aumento del transporte privado
  • Aumento de la contaminación, atascos y retrasos para llegar al lugar de trabajo o al colegio, instituto o universidad
  • Disminución de las horas de descanso, lo que conlleva un empeoramiento de la salud
  • Añadir a la extensa jornada laboral el desplazamiento en transporte público

Como se puede observar, el transporte público es una parte importante dentro del ámbito económico, no olvidemos que un abono mensual abarca desde los 50€ del A hasta los 130€ que cuesta el E2, personal y laboral, y no se puede permitir que se devalúe como se está haciendo.

No solo desde la sierra de Madrid queremos seguir respirando el aire limpio, sino también en la capital y en los alrededores (Móstoles, Fuenlabrada, Alcorcón, Getafe…) y por ello exigimos una movilidad pública y sostenible para tod@s, como una vivienda y un trabajo digno, es nuestro deber y obligación exigir un transporte público digno.

Ven a la manifestación el jueves 19 de Septiembre de Cibeles a Sol a las 19h.

CNT Madrid

Manifestación: “Huelga mundial por el clima”

CONVOCATORIA SEMANA DE LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO Y TODA NOCIVIDAD DEL 20 AL 27 DE SEPTIEMBRE

Diversas instituciones, grupos ecologistas, organizaciones sindicales,
grupos estudiantiles, reunidos bajo el nombre de «Frifays for Future»
han convocado la llamada «Semana por el clima» del 20 al 27 de
septiembre. Básicamente esta semana consiste en manifestaciones
programadas y alienantes en las que pedir al Estado y otras
instituciones (ONU, G7…) que pongan remedio o tomen medidas ante el
desastre que están causando. En su discurso simplista, recuperador y
dirigista en ningún momento critican la causa de la devastación en
curso: el capitalismo tecno industrial y su organización técnica del
mundo. Son aquellos que critican el cambio climático sin criticar a
quienes lo producen: tienen un cadáver en la boca, aquellos que
defienden el mito del progreso, del desarrollo sostenible y de una vida
«cómoda» a cambio de la esclavitud y de mercantilizar todo aspecto de
nuestra vida, una vida vendida a la dominación tecnológica. Son aquellos
que han comprado en el supermercado de la rebelión el nuevo producto de
moda: el cambio climático. ¿Fridays for Future? Hoy más que nunca el
futuro no existe, vivimos en un eterno presente y cuaquier vestigio del
pasado ha sido borrado. Las prótesis tecnológicas que nos rodean y
colonizan nos hacen vivir en un sonambulismo continuo, donde la
catástrofe no está por venir como se empeñan en advertirnos con su venda
en los ojos, la catástrofe es aquí y ahora, la catástrofe es el
capitalismo tecno industrial, la catástrofe es esta vida alienante
dirigida por los algoritmos de nuestros «asistentes virtuales», la
catástrofe es un mundo ya devastado por la industria.

El cambio climático, más bien deberíamos hablar de modificación
climática, es una más de las miles de consecuencias nocivas de la
revolución industrial (la única revolución que iniciada hace dos siglos
ha llegado a todos los puntos del planeta y colonizado y mercantilizado
todo lo vivo) el cambio climático es indisociable del sistema tecno
industrial: deforestación, acidificación de los océanos, desertización,
extinción de miles de especies animales y vegetales, miles de productos
químico-tóxicos que condenan nuestra existencia, contaminación de
tierra, aire y agua son sólo algunas de todas las nocividades, de todas
las consecuencias de este sistema. Creemos entonces que hablar sólo de
cambio climático sin criticar el sistema tecno industrial es caer en un
reduccionismo, es no ir a la raíz del problema.

El cambio climático y todas las nocividades son las consecuencias del
proyecto de la tecnocracia que gestiona y admisnistra nuestras vidas. Un
proyecto que consiste en colonizar, domimar y mercantilizar todo lo
vivo. Una vez colonizada y dominada la naturaleza el objetivo son los
seres humanos, un proyecto basado en la convergencia de las tecnologías
conocidas como NBIC (nanotecnologías, biotecnologías, tecnologías de la
información, ciencias cognitivas) a las que podríamos añadir robótica e
inteligencia artificial, su codicia y avaricia no tiene fin. Si se
mercantiliza todo hasta nuestras actividades más cotidianas los
beneficios no parán de aumentar. Convertir el mundo y todo lo que habita
en ello en una máquina programada donde nada escapa a su control:
mundo-máquina, humano-máquina. Lo que nos lleva a una visión mecanicista
del mundo, de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea.

El sistema tecno industrial necesita grandes cantidades de energía para
poder funcionar, cientos de programas de investigación con inversiones
multimillonarias están dedicados a encontrar nuevas fuentes de energía.
Esta necesidad de energía para que el mundo funcione tiene como
consecuencia la devastación del territorio y la aniquilación de millones
de animales humanos y no humanos. La energía industrial mueve el mundo,
es necesaria para la producción y distribución de todos esos objetos
innecesarios que encontramos a nuestro alrededor, es la economía y es la
guerra. El sistema ha comprendido y ha visto como un gran negocio que
sólo las energias «renovables» y «limpias» permitirán su
expansión y supervivencia, el nuevo proyecto de la tecnocracia es
«renovable» y «sostenible», es ecológico. Este nuevo proyecto se
extiende igualmente por todo el territorio desde los desiertos
industriales de paneles solares y campos eólicos (causantes también del
cambio climatico, devastación del territorio, enfermedades, etc.) hasta
las eco-ciudades (no-lugares donde todo está controlado, optimizado y
automatizado, igualmente productoras de cientos de nocividades y de una
vida alienante). Así, defender la energía verde es defender el proyecto
que nos dirige a gran velocidad a ritmo del progeso hacia el abismo, es
defender el proyecto de quienes están creando un mundo totalitario, es
defender el proyecto de aquellos que gestionan y administran nuestras
robotizadas vidas.

Por ello hacemos un llamamiento a una semana de lucha contra el cambio
climático y toda nocividad del 20 al 27 de septiembre desde una
perspectiva anarquista, que desborde los límites impuestos por la
socialdemocracia. Una semana más, en la que mediante la acción directa
en cualquiera de sus formas los diferentes individuos y grupos se
enfrenten al sistema tecno industrial. La semana del 20 al 27 de
septiembre es sólo una meta para el ecologismo liberal y estatista, pero
para aquellos que aspiramos a la eliminación del estado, del
capitalismo, el patriarcado y el sistema tecnoindustrial es una
oportunidad para desbordar los estrechos márgenes de la domesticación e
iniciar una vía autónoma, anticapitalista y anarquista contra la
nocividad tecnoindustrial.

Ni el estado, ni la tecno ciencia nos salvarán.
La lucha es el único camino.

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El anarcosindicalismo sigue vivito y peleando

Las recientes movilizaciones sociales han dejado a las élites políticas y sindicales de la izquierda clásica fuera de juego y tan tocados que difícilmente podrían seguir ostentando la exclusividad como portavoces de la clase trabajadora que medios de comunicación, tan poco evolucionados como como estas burocracias de partidos y sindicatos socialdemócratas, se obstinan en atribuirles, incluso cuando dichos cuadros clásicos profesionales no son los organizadores ni los protagonistas de las nuevas e imaginativas luchas. Si hay actualmente unos entes con menos credibilidad y más indiferencia social que los partidos políticos, no cabe duda de que los sindicatos podrían encabezar esas encuestas sobre fobias y filias de la gente de la calle. 

Si hay actualmente unos entes con menos credibilidad y más indiferencia social que los partidos políticos, no cabe duda de que los sindicatos podrían encabezar esas encuestas sobre fobias y filias de la gente de la calle. Seguramente partidos y sindicatos mayoritarios han hecho mucho para labrarse el actual desprestigio y perder cada día más apoyo popular. 

Lamentablemente, al alejamiento del viejo proletariado de tan inútiles compañeros de viaje hacia una nueva sociedad, más justa y solidaria, no ha sucedido la creación de nuevas formas organizativas, mucho más combativas, horizontales y dinámicas; ni tampoco un crecimiento espectacular de otras organizaciones ya existentes que han mantenido sus principios y sus compromisos de lucha. Muy al contrario, y aunque nunca se debe generalizar, es en estos sectores sociales empobrecidos y espoliados donde los partidos conservadores y las ideas más reaccionarias encuentran aceptación y hasta entusiasmo. Si hace un siglo era impensable que un obrero no estuviera imbuido de cierto compromiso de clase y dispuesto a sumarse a la lucha de sus compañeros, en estos tiempos de pensamiento débil y consumismo desaforado es frecuente toparse con trabajadores –en muchos casos absolutamente precarios y explotados más allá de lo legal- que defienden a la empresa y critican a quienes participan en las pocas –para cómo está el patio- huelgas que se hacen; sobre todo si hay piquetes que le impiden ejercer su teórico derecho al trabajo o le obligan a llegar tarde a su empleo basura.

Y si la huelga no goza de buena prensa (valga la expresión) qué decir de los sindicatos, que no gustan ni a obreros ni a patronos. Bueno, estos últimos sí que los ven necesarios, siempre que se limiten a ser moderados y a entender las necesidades de la empresa. Las trabajadores mayores mantienen el carné del sindicato más por rutina (se apuntaron a unas siglas como se hacen de un equipo de fútbol) o por si le pueden arreglar la pensión y los más jóvenes se ven impelidos a sindicarse porque estando apuntado al sindicato favorito de cada empresa es posible que te prorroguen el contrato. Esta situación preocupa (o debería preocupar) a las burocracias sindicales, puesto que una vez desaparecidas del escenario laboral las generaciones que han vivido las largas huelgas y duros convenios de las tres últimas décadas del siglo pasado, las que toman el relevo no tienen ninguna experiencia de luchas ni formación ideológica alguna… salvo que a repetir lo que dicen los comentaristas de la tele se le pueda llamar ideología. A pesar de todo, y pese a esos factores tan negativos, el anarcosindicalismo es la única fórmula sindical que mantiene la dignidad e incluso incremente ligeramente su presencia en calles, empresas y conflictos sociales.

Por supuesto que estamos hablando de nuestro país, porque en el resto de Europa los sindicatos socialdemócratas o cristianos no han caído tan bajo y aún defienden algunos derechos y el anarcosindicalismo –por ahora- apenas tiene una presencia testimonial. Es evidente que en el peculiar caso español se dan condicionantes muy distintos a los países industrializados europeos: el sindicalismo reinante en el últimas décadas ha perdido sus referentes y hasta su ética y el anarcosindicalismo, sin tener el peso que tuvo en la primera mitad del siglo XX la CNT, es ahora una alternativa posible y un clavo ardiente al que se agarran muchos trabajadores que huyen escaldados del sindicalismo todavía mayoritario, potenciado por el Estado, la patronal y sus medios de comunicación. En estos momentos para el anarcosindicalismo está pasando uno de los últimos trenes disponibles, por lo sería una lástima que se perdiera como tantos otros anteriores. 

Las circunstancias esbozadas más arriba permiten albergar alguna esperanza razonable para el sindicalismo de corte libertario. Pero por muy propicio que sea el escenario actual, si los sindicatos herederos de la CNT histórica no saben gestionar ese valioso legado y adaptar sus medios y tácticas a las nuevas realidades y a unas formas de participación y actuación que, en el fondo serán parecidas, pero no son las de 1910 o 1931, se habrá desaprovechado un ocasión de oro para dotar a las clases populares del siglo XXI de una herramienta propia, modernizada y eficaz para la transformación

La central sindical que aspire a ganarse el respeto y la confianza de la gente ha de tener unos métodos y unos objetivos absolutamente opuestos a las grandes burocracias de las que está huyendo la poca gente consciente y combativa que aún aguanta en el movimiento (leve movimiento, todo sea dicho) sindical. 

Ese cambio de formas y fondo en la protesta social europea se ha mostrado plenamente (aunque venía incubándose desde Mayo del 68 y las movilizaciones contra la globalización capitalista) con nuestro 15M. A partir de esa eclosión de asambleas y autogestión nada ha sido como antes; ni partidos ni sindicatos clásicos han sabido encajar las críticas… y así les luce el pelo.

Desde entonces no han cesado las experiencias de democracia directa y huida del indefenso rebaño; mareas, plataformas, asambleas. Los colectivos laborales más explotados y los barrios más pobres y olvidados han sabido organizarse y plantar cara a explotadores e instituciones de todo pelaje. Han demostrado a partidos y sindicatos, que nos tenían aburridos con sus llamamientos al orden y la moderación, que si se lucha se puede ganar, y que aunque nos derroten en la mayoría de las ocasiones, merece la pena intentarlo. 

La huelga feminista del 8M y las masivas protestas contra los recortes de las pensiones son dos claros y cercanos ejemplos de cuanto decimos. En ambos casos las convocatorias no han partido de UGT y CC.OO. –aunque no se han privado de intentar capitalizarlas en su provecho, una vez vieron que no podían evitarlas con su acciones paralelas y meramente simbólicas- y también ante ambas movilizaciones el anarcosindicalismo (CGT y también CNT) ha sabido cumplir con su responsabilidad social; ha convocado, ha participado y ha dejado su protagonismo a los colectivos organizadores.

Y es que como se ha dicho habitualmente en la casa “somos más que un sindicato”. Lo somos porque no nos limitamos al marco de la fábrica ni nos conformamos con reivindicar meras mejoras económicas: queremos un mundo más justo y lo creemos posible. Esa es la vigencia y la utopía del anarcosindicalismo de 2018, y de los tiempos que vendrán.

ANTONIO PÉREZ COLLADO

EL SALTO

Libro: “Barcelona mayo de 1937”, Agustín Guillamón

GUILLAMÓN, Agustín: Barcelona, mayo de 1937. Libros de Anarres, Buenos Aires, 2019, 349 páginas.

Introducción

La edición argentina de este trabajo de Agustín Guillamón, actualiza, abrevia y mejora la edición de Ediciones Descontrol de Barcelona, en 2017, sobre este tema. No reproduce el amplio anexo documental de la edición barcelonesa, pero  añade una introducción que sitúa al lector ante el fenómeno del origen y formación de los comités de defensa cenetistas y sus características fundamentales. Aporta, además, un detallado apéndice de notas biográficas y precisiones históricas que facilitan la lectura y comprensión del texto.

Las sangrientas jornadas de mayo de 1937, en Barcelona

Los decretos de la Generalidad del 4 de marzo de 1937 creaban un Cuerpo Único de Seguridad (formado por la Guardia de asalto y la Guardia civil) y disolvían (en un futuro inmediato) las Patrullas de Control. Tales decretos provocaron la dimisión de los consejeros cenetistas y una grave crisis de gobierno.

En la asamblea de la Federación Local de Grupos anarquistas del 12 de abril de 1937, radicalizada por la invitación realizada a las Juventudes Libertarias y a los delegados de los comités de defensa, se exigió la retirada de todos los cenetistas de cualquier cargo municipal o gubernamental y se creó un comité insurreccional. En esa radicalización habían tenido un papel destacado Julián Merino, Pablo Ruiz y Juan Santana Calero.

El 15 de abril, tras una larga y difícil negociación, Companys y Escorza pactaron personalmente una salida a la crisis y la formación de un nuevo gobierno (con la entrada como conseller del cenetista Aurelio Fernández).

El asesinato de Antonio Martín en Bellver de Cerdaña, el 27 de abril de 1937, supuso la ruptura del pacto tan laboriosamente alcanzado. Escorza puso en alarma a los comités de defensa al desvelar la información sobre un próximo golpe de fuerza del bloque contrarrevolucionario. Escorza hizo saltar la chispa, pero se mostró contrario a una insurrección que consideraba prematura y mal preparada, sin objetivos ni coordinación.

La provocación del 3 de mayo, cuando Eusebio Rodríguez Salas asaltó la Telefónica, movilizó a los comités de defensa, que en dos horas declararon la huelga revolucionaria, se apoderaron de todos los barrios obreros y levantaron barricadas en el centro de la ciudad y en lugares estratégicos. Los comités superiores cenetistas (especialmente Eroles y Asens) intentaron controlar a los comités de defensa, pero fueron desbordados y no consiguieron controlarlos.

La mañana del 4 de mayo Julián Merino convocó una reunión del Comité Regional, consiguiendo que se formase un Comité Revolucionario de la CNT (formado por Merino, Ruano y Manzana) y dos comisiones para coordinar y extender la insurrección. En esa misma reunión se nombró una delegación cenetista, encabezada por Santillán, para negociar en el Palacio de la Generalidad una salida pactada. La CNT jugaba con dos barajas: la insurreccional y la negociadora; Companys (presidente de la Generalidad) y Comorera (secretario del PSUC) sólo jugaban con la baraja de la provocación, con el certero objetivo de conseguir la aniquilación de los insurgentes, la debilitación de la CNT y un gobierno fuerte.

En la tarde del 4 de mayo, los trabajadores revolucionarios barceloneses, armados en las barricadas y dispuestos a todo, no fueron derrotados por el PSUC, ni por ERC, ni por las fuerzas de orden público del gobierno de la Generalidad. Fueron sometidos por los mensajes apaciguadores de la radio. El intento revolucionario de encontrar una coordinación y un objetivo preciso a la insurrección en curso, fracasó. Cuando toda Barcelona era ya una barricada, los obreros en armas fueron vencidos y humillados por las peroratas radiofónicas de los comités superiores cenetistas, y muy especialmente por el discurso del beso de Joan García Oliver.

El 5 de mayo, al mediodía, Sesé, cuando iba a tomar posesión de su cargo de consejero, fue tiroteado desde el Sindicato de Espectáculos de la CNT, al no atender el auto en que viajaba el alto del control de una barricada. Companys, en represalia, ordenó repetidamente a la aviación que bombardease los cuarteles y edificios en poder de la CNT. Los Amigos de Durruti lanzaron una octavilla que intentaba dar unos objetivos concretos a la insurrección: sustitución de la Generalidad por una Junta Revolucionaria, fusilamiento de los culpables de la provocación (Rodríguez Salas y Artemi Aguadé), socialización de la economía, confraternización con los militantes del POUM, etcétera. Los comités superiores desautorizaron inmediatamente esa octavilla, que tuvo la virtud de reavivar la lucha en las barricadas.

Los días 5 y 6 de mayo fueron los de mayor auge de la lucha callejera. Los conatos cenetistas de tregua, o abandono de las barricadas, siguiendo las consignas radiofónicas y de la prensa, fueron aprovechados por el bloque contrarrevolucionario para consolidar posiciones; hecho que a su vez provocó que los revolucionarios reanudaran los combates y se volviera a las barricadas.

El 7 de mayo era evidente que la insurrección había fracasado. Las tropas enviadas desde Valencia desfilaron por la Diagonal y ocuparon toda la ciudad. Empezaron a deshacerse las barricadas. Los comités superiores, en los días siguientes, intentaron ocultar todo lo sucedido, arreglar las actas en proceso de redacción y en definitiva evitar en lo posible la previsible represión estalinista y gubernamental contra la Organización y contra los protagonistas más destacados.

Si hubiese que resumir mayo del 37 en una frase, ésta debería explicar que los trabajadores revolucionarios, armados en las barricadas y decididos a todo, fueron abatidos por los llamamientos al alto el fuego emitidos por la radio: Barcelona fue una insurrección derrotada por la radio.

Conclusiones:

Por primera vez en la historia, se dio el caso de una insurrección iniciada y sostenida contra la voluntad de los líderes a que perteneció la inmensa mayoría de los insurrectos. Pero, aunque una insurrección puede improvisarse, una victoria no (Escorza); y aún menos cuando todas las organizaciones obreras antifascistas se mostraron hostiles al proletariado revolucionario: desde la UGT hasta los comités superiores de la CNT.

Los comités superiores llegaron a jugar con dos barajas, permitiendo la formación de un Comité Revolucionario de la CNT, al mismo tiempo que se formaba una delegación para negociar en el Palacio de la Generalidad. Pero muy pronto abandonaron la carta insurreccional por los ases del alto al fuego, que aseguraban su futuro de burócratas.

UGT y comités superiores de la CNT, ERC y gobierno de la Generalidad, estalinistas y nacionalistas, todos juntos, convirtieron la hermosa victoria militar de la insurrección, al alcance de la mano (Merino, Rebull), en una horrorosa derrota política. Todos juntos, pero de forma distinta, para desempeñar eficazmente cada uno su papel. Estalinistas y republicanos directamente en las barricadas de la contrarrevolución. Anarcosindicalistas y poumistas en la ambigüedad del quiero y no puedo, del soy, pero dejo de ser; los primeros recomendando el cese de la lucha y el abandono de las barricadas; los segundos mediante el “audaz” seguidismo de los primeros.

Sólo dos pequeñas organizaciones, los Amigos de Durruti y la SBLE, intentaron evitar la derrota y dar a la insurrección unos objetivos claros. El proletariado revolucionario barcelonés, esencialmente anarquista, luchó por la revolución, incluso contra sus organizaciones y contra sus líderes, en un combate que ya había perdido en julio de 1936, en el mismo momento en que dejó en pie el aparato estatal y trocó la lucha de clases por el colaboracionismo y la unidad antifascista.

Pero hay batallas perdidas que han de librarse en beneficio de las generaciones futuras, sin más objetivo que el de dejar constancia de quién es quién, advertir el lado de la barricada en que se encuentra, señalar dónde están las fronteras de clase y cuál es el camino a seguir y los errores a evitar.

Balance. Cuadernos de historia del movimiento obrero.

Barcelona, septiembre de 2019

Siglas:

CNT: Confederación Nacional del Trabajo

ERC: Esquerra Republicana de Catalunya

POUM: Partido Obrero de Unificación Marxista

PSUC: Partido Socialista Unificado de Cataluña

UGT: Unión General de Trabajadores